La URSS y sus ovnis

Gentileza diario Crónica suplemento “Fenómenos Paranormales”. Autor: Carlos Parodi, periodista y escritor (Instagram CarlosParodi.64).

Durante los años de la llamada “Guerra Fría” otra silenciosa y no menos trascendental batalla espacial se llevaba a cabo entre los círculos militares y científicos de Estados Unidos y de la Unión Soviética. Las presencias de objetos voladores no identificados en los cielos del planeta habían orientado la brújula de las dos principales potencias hacia otras dimensiones inexploradas que no cuadraban dentro de los cuarteles militares ni de los claustros académicos.

También la ex URSS miró por aquellos tiempos al espacio como un territorio de misterio, exploración y de conquista. En tal sentido, los incidentes OVNIS que comenzaron a hacerse públicos a mediados de los años 60 convulsionaron a los estratos científicos y llenaron de incertidumbre la raigambre institucional de un sistema político de corte materialista.

Ovnis
Soldado soviético y ovni (Grok)

Si bien atrás en el tiempo aún no habían cicatrizado las heridas del enigmático evento sucedido en la región de Tunguska en 1908 con la explosión que arrasó un área de más de dos mil kilómetros cuadrados, los pormenores de nuevos fenómenos aeroespaciales comenzaron a finales de los años 50 a salir a la superficie en esa gigantesca zona del planeta.

En busca de los “Espacionautas”

En las montañas de Kazajstán entre el mar Caspio y Mongolia en agosto de 1960, un campamento de geólogos observó el desplazamiento a velocidad constante de una esfera convexa de color anaranjado “cuyo diámetro parecía mayor que el de la Luna”.

Cuatro años después, en mayo de 1964, en un vuelo de Leningrado a Moscú, un grupo de científicos miró un disco metálico que se mantuvo paralelo al avión y que parecía contar con una especie de cabina con ventanillas.

Durante el atardecer del 26 de julio de 1965 tres astrónomos rusos observaron el vuelo cercano y en completo silencio de tres cuerpos esféricos de color gris que se perdieron entre las nubes. Como era de esperar, los medios periodísticos comenzaron a profundizar en un tema que empezaba a apasionar a los soviéticos. En febrero de 1966 la “Gaceta Literaria” de Moscú publicó un informe basado en testimonios de pilotos y de astrofísicos soviéticos en el cual señalaban que la Tierra posiblemente había sido visitada millones de años atrás por los denominados “Espacionautas”.

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Esferas grises en el aire (Grok)

En medio de la euforia causada por los misterios del espacio, en 1967 y a cincuenta años de la Revolución bolchevique, fue creada la “Unión de Cosmonautas Rusos”. La flamante sede de esta “Unidad Cósmica” contaba con dos entradas. Una puerta estaba destinada a los científicos y militares que enviaba el gobierno, y otra por la que ingresaban los creyentes en platos voladores. Si bien ambos grupos convergían en un mismo salón, lo curioso era que al entrar por distintos lugares, ambos equipos ya podían preparar de antemano los apasionados discursos tanto a favor como en contra que se generaban en cada encuentro. Precisamente en una de sus acaloradas reuniones se trató el tema de unas naves con forma de “medialunas brillantes” de origen incierto, cuyos “cuernos” despedían rayos de luz que enceguecían a los pilotos de sus líneas de bandera.

Por esos tiempos, la Academia Soviética de Ciencias sorprendió a propios y a extraños al sostener que el episodio de Tunguska había sido “cualquier cosa menos un meteorito, ya que al caer en tierra llevó a cabo una maniobra”.

El doctor en física y biólogo Vasily Kuprevich (1897-1969) presidente de la Academia, sostuvo sin inmutarse: “Tal vez seres del espacio exterior siguen visitando el planeta sin entrar en contacto con los terrestres. Es probable que su desarrollo mental haya llegado tan lejos que seguramente nos observarán como nosotros lo hacemos a los cavernícolas”.

Sin embargo, el entusiasmo inicial acerca de los enigmas del espacio en la Rusia de entonces, llegaría a su final hacia 1968 a raíz de una declaración de principios de la misma Academia de Ciencias. El férreo dictamen sostuvo que “la búsqueda de OVNIS es anti científica porque si los hubiere, nuestros hombres de ciencia sabrían de ello, y ninguno de nuestros astrónomos nunca jamás vio un plato volador o un espacionauta”. A partir de entonces, el silencio oficial soviético volvería a cundir con temor a represalias entre aquellos testigos que juraban haberlos visto. Los informes posteriores a episodios de avistamientos fueron celosamente guardados y volverían a romperse hacia 1977 a raíz de una nueva oleada que sería la primera de tantas y que, al día de hoy, mantienen en vilo a los observadores de los cielos rusos…

Un proletario “cósmico”

Konstantín E. Tsiolkovski (1857-1935) es visto en Rusia como un héroe ya que es considerado el verdadero padre de la Cosmonáutica. Este físico matemático apasionado por los enigmas del Cosmos, se formó en bibliotecas y su ilimitada imaginación lo llevó a idear cerca de mil proyectos que incluían planos y experimentos de modelos de naves espaciales.

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El científico estudiando (Grok)

Hijo de una familia acomodada de la burguesía rusa, este particular investigador durante un viaje a París proyectó la idea de un cable “infinito” que debía conectarse desde lo más alto de la torre Eiffel, de manera de poder acceder a los espacios celestiales. De regreso a su Rusia natal diseñó en 1902 un prototipo de nave a retropropulsión para realizar viajes interplanetarios.

La Academia Socialista de Ciencias de Rusia lo condecoró por ser un “auténtico genio proletario hecho a sí mismo”. Konstantín Tsiolkovski es recordado por haber expresado: “La Tierra es la cuna de la humanidad, pero es indudable que no se puede vivir en una cuna… para siempre”.