El equipo dirigido por Pinchen Fan revisó dos décadas de transmisiones de la Red Espacial Profunda (DSN) que conecta a la NASA con sondas y vehículos esparcidos por el Sistema Solar constatando que casi el 80 % de las señales emitidas hacia el espacio se concentran en una estrecha franja que abarca apenas 5 grados alrededor del plano orbital terrestre. Las implicaciones de este descubrimiento respecto a la búsqueda de extraterrestres son más profundas de lo que uno podría suponer en un primer momento. ¡Vamos a explicarte la razón!

Si vemos desde afuera, la Tierra proyecta firmas radioeléctricas muy claras en direcciones específicas, como si marcara carriles de comunicación en el espacio exterior. Lo más llamativo es que esa huella no es aleatoria, sino altamente predecible. Entre todos los destinos de nuestras transmisiones, Marte es el lugar con una “llegada” más significativa. Cuando la Tierra y el Planeta Rojo quedan alineados en sus órbitas la actividad de la DSN alcanza picos incluso de un 77 % del tiempo activo, lo que serían unos nueve meses al año.
Si los extraterrestres estuvieran observando en ese momento de alineación tendrían muchísimas oportunidades más de detectar nuestra actividad radioeléctrica. Según los cálculos, esta “estrategia” sería unas 400.000 veces más efectiva que intentar rastrear direcciones aleatorias en el firmamento. Esto plantea un escenario muy positivo para los expertos que trabajan intentando detectar rastros de alguna civilización alienígena en otra parte del universo.
La propuesta para encontrar extraterrestres
Los astrónomos proponen centrar las búsquedas en exoplanetas que se encuentren en tránsito frente a su estrella o que compartan planos orbitales que podamos detectar desde este vecindario del Sistema Solar. La próxima generación de telescopios, como el Nancy Grace Roman de la NASA, ampliará drásticamente la lista de exoplanetas transitando frente a sus estrellas. Esto multiplicará las oportunidades de aplicar la estrategia recién propuesta y finalmente encontrar extraterrestres inteligentes.
No obstante, puede que otras civilizaciones no utilicen radiofrecuencias, sino tecnologías más avanzadas y direccionales como pueden ser los láseres que carecen del “desbordamiento” natural de las ondas de radio, por lo que son mucho más difíciles de detectar por accidente. Este escenario implica que la estrategia de la que escribimos en este artículo quedaría nula. Lo cierto es que la búsqueda de vida inteligente no es tarea sencilla, pero a partir de este nuevo descubrimiento podemos hablar de una hoja de ruta cuantitativa sobre dónde y cuándo buscar, que no es poco. ¿Qué tal?
